Mamá, aunque no pueda abrazarte ni escucharte sonreír, sigo sintiendo tu amor acompañándome cada día. Hay momentos en los que te extraño demasiado, sobre todo en las cosas sencillas de la vida, cuando quiero contarte algo o que me des tus opiniones y sabios consejos. Aun así, tu presencia permanece en mis recuerdos, en todo lo que me enseñaste y en la fortaleza que dejaste en mi corazón. Sigo caminando con el amor y los valores que sembraste en mí, tratando de vivir de la manera en que me enseñaste y como quisieras que siguiera haciéndolo. Es muy difícil estar sin ti, madre hermosa; este amor inmenso que me brindaste está intacto y nada lo podrá borrar.