1
Es mejor ser difícil de tratar que fácil de manipular, porque poner límites no es un defecto, es una forma de respeto propio. Ser firme incomoda a quienes se benefician de la complacencia, pero protege el bienestar físico y mental, la paz y la dignidad. No se trata de dureza sino de ser claro, saber lo que se permite y lo que no, manteniéndose fiel a nuestros valores y creencias, aunque a los demás les resulte incomodo.