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El río no discute con la piedra, la rodea y sigue su camino. No se detiene a luchar en contra de aquello que no puede mover ni pierde su fuerza intentando imponer su curso, simplemente se adapta, fluye y continúa avanzando hacia su destino. Así también hay situaciones y personas que no valen la pena confrontar; aprender a soltar ayuda a conservar la energía para enfocarla en lo que realmente importa. Seguir adelante sin desgastarse en conflictos estériles, es una manera de proteger el bienestar físico y mental.