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La gota que derrama el vaso no es el enojo, es el cansancio. Es acumulación de silencios, de esfuerzos no reconocidos y de emociones que se guardan por demasiado tiempo. El enojo suele ser sólo la señal visible de un desgaste más profundo, de una paciencia que se ha ido agotando poco a poco. Cuando el cansancio se instala, incluso en lo pequeño, comienza a pesar más de lo normal. Por eso escuchar las propias necesidades y permitirse descansar, también es una manera de cuidado y respeto personal.