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Una persona con metas no se distrae, porque sabe hacia donde se dirige y qué quiere lograr. Tiene claro su propósito y aunque el camino se vuelva largo o los días complicados, no se desvía, porque su mente está enfocada y su corazón comprometido, así que su energía está dirigida a lo que realmente le importa. No se deja confundir por lo momentáneo porque entiende que cada paso le acerca a sus anhelos. Cuando las metas están claras, las ganas de rendirte se vuelven mínimas frente a la grandeza de la recompensa.