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La dimensión de tu drama es proporcional al tamaño de tu ego. Muchas veces no es la situación en sí la que pesa tanto, sino la importancia que tu orgullo le da. El ego magnifica lo mínimo y convierte en tragedia lo que podría ser sólo un tropiezo y hace que se olvide por completo que casi todo tiene una solución. Mira con humildad para que los problemas se reduzcan a su justa medida y no te dominen. No eres tus enojos ni tus quejas, eres mucho más y mientras más pequeño sea tu ego, más grande será tu paz.