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Benditas sean las personas que nos ayudan a florecer en medio del caos, aquellas almas que llegan con su alegría y luz cuando todo parece oscurecerse. Son quienes nos recuerda nuestra fortaleza en medio de las dudas, quienes nos tienden la mano cuando creemos que no podremos resistir, cuando ya no podemos más. Son refugio en la incertidumbre y semillas de esperanza en los días más complicados. Es un gusto disfrutar de su presencia, porque nos ayudan a volver a creer que siempre hay un motivo para sonreír.