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La mariposa confió en sí misma y ese fue el comienzo de su imperio. Antes fue una oruga limitada en su andar, pero creyó en el proceso y se atrevió a transformarse. Con paciencia rompió su propio capullo, desplegó sus hermosas alas y se elevó. Así estuvo en ese cielo que desde la tierra un día contempló y lo conquistó, no porque alguien le dijera que podría sino porque se convenció de que merecía volar. Su imperio no fueron las riquezas, sino la libertad y la certeza de que confiando en si mismo se abren nuevos y mejores caminos.