268
En días de tormenta nada abriga más que una bonita amistad. Cuando las nubes oscurecen nuestros pensamientos y el viento sacude las certezas, el calor de una amistad verdadera se convierte en un refugio. No hace falta que tenga todas las respuestas, basta con que te escuche, te brinde una palabra de aliento o que simplemente te acompañe en el silencio. En las pruebas, cuando el corazón tambalea es que entendemos que hay lazos más fuertes que ninguna tempestad romperá.