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Me gusta caminar bajo la lluvia, así nadie puede verme llorar. Las gotas disimulan el peso de mi tristeza y en medio de la tormenta mi llanto encuentra un refugio silencioso donde nadie lo puede escuchar. Nadie me juzga, no hay preguntas, sólo la libertad de dejar que el dolor fluya sin ser percibido; es un espacio donde me permito ser vulnerable sin tener que explicar nada. Caminar así me recuerda que incluso en los días grises, sigo avanzando paso a paso hacia mi propia calma.