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El deseo de alcanzar las estrellas es ambicioso. El deseo de llegar a los corazones es sabio. No está mal soñar con explorar los misterios que están más allá de la atmósfera terrestre, pero en medio de esa travesía, debemos recordar que hay otra grandeza, una que radica en cultivar relaciones significativas, sembrar semillas de amor en los corazones de la humanidad. Ambos deseos coexisten y sería muy bueno fortalecer cada corazón del mundo, para afrontar juntos los cambios, mientras queremos abrazar las estrellas.