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Las personas perfectas no beben, no mienten, no engañan, no discuten, no se quejan y no existen. Los seres humanos nunca pueden alcanzar la perfección y aunque todas esas conductas antes nombradas sean indeseables; en ciertas ocasiones son un comportamiento natural de la experiencia humana. No hay que desear una perfección que no existe, en cambio debemos aceptar a los demás y a nosotros mismos en cada faceta.