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Si quieres conocer lo divino, siente el viento en tu cara y el sol en tus manos. Es algo mágico ser acariciado por la brisa que se mueve con calma desordenando tu cabello y acariciándote el alma; siente en tu piel la calidez del imponente astro sol que sin quemarte, te alimenta y llena de energía. Si quieres disfrutar de lo divino, percibe al mundo a través de tus sentidos.